Para que nos vamos a engañar yo también tuve miedo al principio, cuando lo veía y me ponía nerviosa, y tenía una sensación un tanto extraña en el estomago, pero sin esas sensaciones no seriamos humanos. Pero todavía, cuando lo veo tengo esa extraña sensación, y a la vez sin darme cuenta sonrío y siento el irremediable impulso de que cada minuto con el sea especial. Porque lo quiero y porque con él no existe la oscuridad ni el miedo a el, sino la claridad y las ganas de pasar los días a su lado.
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